Mapa de La Dimensión Mágica de Bosques

Mapa de la Dimensión Mágica de Bosques

  Mapa de la Dimensión Mágica de Bosques   La Dimensión mágica de Bosques, lugar donde habitan los seres tres esencias y algunos yok...

sábado, 31 de agosto de 2019

El serpenteo de la cadena (2/3)


Parte 2: Erika

Disipada la nube causada por el brutal estallido de la puerta, el metalero caminó tranquilamente por un largo pasillo hasta un ascensor que iba hacia abajo solo tres pisos.
-¿Solo tres pisos?- se preguntó molesto.
En eso, dentro del ascensor había un mapa de la base, Demetrio lo consultó y observo que el cuarto y último subsuelo debía ser alcanzado por una escalera de cemento, ya sabiendo esto y teniendo en cuenta que los subsuelos eran muy altos y profundos hacia abajo, tocó el botón hacia el tercer subsuelo.
En el camino lo acompañó una música de ascensor más que aburrida.
-Demonios, ¿a quien se le ocurrió poner Jazz como música por defecto en estos aparatos?- se quejaba el metalero cruzado de brazos.
Habiendo llegado al tercer subsuelo, se abrió la puerta de ascensor y Demetrio se encontró con una puerta la abrió de par en par y vió que lo recibían las cosas de siempre, un gran grupo de soldados humanos del que no quería ser atrapado, armados de cuchillos y bates con pinches.
El metalero acostumbrado a tumbar multitudes, solo tuvo que alzar la manopla y golpear el suelo, haciendo caer a la masa de soldados y cruzó entre los caídos que se retorcían con total tranquilidad.
Abrió una segunda puerta, y al voltear luego de cerrarla, había una multitud de zombis, solo revoleó los ojos hacia arriba y negó con la cabeza mientras suspiraba molesto.
-¡Daga corta dimensiones, rasga la realidad! – exclamó y saltó al otro lado de la alta habitación aterrizando al lado de la puerta siguiente del otro lado de la misma habitación y volvió a exclamar.
-¡El Puño de arrgnabak! –dijo Demetrio al segundo de abrirse la rasgadura espacio temporal empujando a todos los zombis al otro lado y cerrándose en milésimas de segundo.
-Me llevan los demonios ¿Qué hay detrás de la segunda puerta? ¿Vikingos berserker? -Dijo al abrir la puerta y haber deseado comerse las palabras pronunciadas al acertar su predicción.
Detrás de la puerta, lo esperaban cinco hombres corpulentos que pasaban los dos metros de altura y gruñían agitando hachas. Se palmeó la frente y dijo:
-Ya no soporto estas estupideces sacadas de los videojuegos y películas de acción ¡Erika! Sal del bolsillo de mi chaleco y encárgate de estos gigantes.
Algo que no identificaban empezaba a caer de dentro del bolsillo interno del chaleco del metalero y una cabeza de metal, que en realidad era un candado rectangular, se alzaba del piso y serpenteaba. Terminada de salir del bolsillo, los hombres corpulentos la miraron aterrados.
-Eso es… -dijo uno de ellos con una voz temblorosa.
-Eso es Erika, una cadena encantada con magia, para que se comporte como una serpiente, mide dos metros con ochenta centímetros, tiene una cola que parece un cascabel del cual se le puede agarrar de ahí como una empuñadura, su cabeza es un candado horizontal  y solo tiene un ojo.- explicó Demetrio.
-¡Huyamos!- gritaron corriendo a no más poder del miedo los corpulentos gigantes.
 -¡Que descorteses! Odian las serpientes.- pensó el metalero y avanzó a la última puerta, donde detrás de ella ya no había nada más que la escalera de cemento que decía el mapa de la base subterránea para el alivio de Demetrio, que antes de usarla llamó con un silbido a Erika, esta se enroscó en su brazo derecho y puso su cabeza a la altura de la de él.
El metalero bajó la escalera de cemento con Erika en el brazo y se dispuso a buscar al maldito que tenía que apresar.

Fin parte 2

El serpenteo de la cadena (1/3)


Parte 1: La Base subterránea


El metalero Demetrio había llegado al lugar teletransportándose como ya era costumbre, a una distancia segura, trescientos metros lejos de la puerta de una base subterránea con la orden de apresar al que estaba escondido en ella, ya que era un ser que su cabeza tenía un precio al que no se le podían contar los ceros.
Estaba vestido con su clásica indumentaria, es decir, borcegos, pantalones de vaquero azules, una remera de bandas de heavy metal negra, su tradicional chaleco de jean con una mano cornuta en la espalda y presentaba una larga barba que le daba un aire a motoquero y su infaltable pelo largo a media espalda.
Antes de dirigirse a la base, se sentó a comer un sanguche de milanesa completo de tamaño enorme que acompañó con cerveza negra que bebía de un botellón de dos litros color ámbar oscuro. Cuando terminó de comer y beber, lanzó un gran eructo de satisfacción al aire.
-¡Maldición! ¡Me estoy exponiendo! –dijo luego de caer en cuenta de la fuerza de su sonoro eructo.
Miró a su alrededor y habiendo comprobado que nadie lo escuchó, empezó a caminar hacia la puerta de la base que parecía estar sin vigilancia.
En eso, empezó a recordar que armas tenía a mano: su manopla negra, la navaja automática de encantamientos, la daga rasgadora de dimensiones, la chaira afiladora.
Se detuvo a pensar unos segundos si había traído esa arma que había encantado hace poco tiempo, a lo que comprobó que sí la tenía en su poder, tranquilo, siguió hacia la puerta.
Empuñó en su mano izquierda la manopla y la daga en su derecha, y de un puñetazo sobrehumano, hizo añicos la puerta blindada de dos hojas de metal reforzado, se levantó una gran humareda gris y espesa que no dejaba ver nada e hizo toser a Demetrio.
El metalero no imaginaba qué iba a encontrar del otro lado mientras se disipaba la nube...

Fin parte 1

sábado, 3 de agosto de 2019

Lo que hay en lo oscuro


En una gran casa de dos pisos con sótano y altillo en las afueras de la ciudad, vivía una mujer de nombre Tania de 53 años de edad, ella había enviudado hace no más de 2 años, nunca pudo tener hijos con su marido y en cambio, estaba acompañada de un gato gris enorme y gordo de la raza Maine Coon llamado Eliot, también de una gata negra de la misma raza que Eliot llamada Misha, y de un perro gigante negro de gran porte, con cara de pocos amigos, cruza de Mastín napolitano y San Bernardo de nombre Klaus.
Misha y Eliot respetaban un pacto que habían hecho con el gigante Klaus de no agredirse y de cuidar con garras y dientes a su dueña Tania.
Una tarde, Tania estaba en su casa, cuando de pronto, se abrió la puerta de calle de golpe, Klaus Misha y Eliot estaban en la sala de estar, que estaba al lado del recibidor, en el cual había un closet para los abrigos y la escalera a los pisos altos de la casa, ellos tres acompañaban a Tania y se quedaron mirando la puerta, la mujer se percató que los animales miraban la entrada de la casa y se levantó a cerrar la puerta, echarle llave y volvió a su sofá para continuar leyendo un interesante libro.
-Misha, Klaus ¿Lo vieron entrar? – Preguntó Eliot a sus compañeros.
Misha solo se le quedó mirando, en cambio Klaus, con un grueso vozarrón le contestó:
-Todos lo hemos visto, pero nuestra dueña simplemente no puede, dejemos pasar unos días.
Los días que siguieron a ese hecho, cuando Tania dormía o estaba en otros lugares de la casa, se escuchaban crujidos en los peldaños de la escalera, puertas abrirse solas y crujir, pasos en los pasillos de los dormitorios, se lo veía a Klaus ladrarle a la oscuridad y a la nada, a Misha mirar a la nada, observaba a Eliot erizarse y ponerse en posición de ataque, se escuchaban sonidos raros en el altillo, pero ella estaba más preocupada en su tristeza y en su trabajo y las tareas de la casa y tomaba esas actitudes de sus mascotas como naturales.
-Nuestra dueña no escucha nuestras advertencias… ¿Qué hacemos? Eliot, Klaus ¿qué haremos con el intruso?- preguntaba Misha lamentándose.
El gato y el perro se miraron y asintieron mutuamente. Eliot le dijo a ambos:
-Esperaremos a que nuestra ama no esté en la casa, y lo echaremos, tendremos que emboscarlo, mientras tanto trataremos de no levantar sospecha. -Dijo el gato y se quedaron discutiendo qué hacer.
Llegado el día, una noche en la que Tania fue invitada a comer por sus amigas y luego a tomar unas copas en un club, solo quedaron en la casa Misha, Eliot y Klaus con el intruso.
Tania solía dejar una de las luces de la casa para que se sintieran acompañados, solía ser la luz de la sala de estar. Esa noche, solo estaba ahí Misha en el borde de la luz, cerca de la sala de estar, se escucharon pasos que eran crujidos viniendo del lado contrario.
La gata sin siquiera perturbarse, vio una sombra negra acercársele con una sonrisa de dientes podridos y unos ojos rojos como la sangre.
-Yo no me acercaría si fuera tú -le dijo la gata al ente.
Se escuchó una risa maniática provenida de la sombra sonriente y cuando estuvo por acercarse a la gata, se escucharon pesados pasos venir de la oscuridad.
-Hazle caso a la gata – dijo la voz gruesa de Klaus, al que le brillaban los ojos en la oscuridad se le veían unos enormes dientes y le salía saliva de sus fauces. Al lado del perro, brillaron otros dos ojos más pequeños, eran los de Eliot, que se lamía los dientes y colmillos.
-Sí hazle caso - dijo Eliot con una voz desencajada.
El ente se asustó y trató de escapar de la casa, pero en la puerta que apenas logró dejar abierta, las poderosas mandíbulas de Klaus y las de Misha y Eliot desgarraban su etérea existencia.
Tania llegó a su casa, vio la puerta abierta de su casa abierta de par en par y llamó a la policía desde su teléfono móvil. Se acercó a la casa luego de bajar de su automóvil y observó en la puerta a sus tres mascotas, con una extraña sombra negra colgando de sus bocas, alcanzó a tocar el pedazo que colgaba de la boca de Klaus y no podía agarrarlo, era como si no estuviera tocando nada. No supo que excusa inventarle a la policía, solo que los vecinos le avisaron que entró a robar un ladrón.
Los ruidos de la casa dejaron de sentirse, gracias a que ellos lograron echar al intruso, días después, las vidas de Klaus y sus compañeros gatos, volvieron a ser tranquilas.
Fin.