Luego de haber hecho un trato con los
lobos grises para residir en el Gran Bosque, Armel y sus osos se establecieron
en la zona noreste del mismo, que era un área deshabitada y tenía suficiente
espacio para el oso y sus manadas. Tenían frutas, miel de abeja y pescados como
para nunca tener que moverse de ese lugar, también corría un arroyo y algunos
pequeños saltos de cascadas de agua fresca y cristalina.
Pero un día que Armel estaba investigando
su zona, vio a un humano vestido de pieles, con un tambor en su mano y astas de
ciervo adornándole la cabeza. Este extraño humano era un chamán de las tierras frías,
su antiguo hogar.
Estaba anocheciendo, el oso se acercó al
chamán, un hombre viejo lleno de arrugas pero que inspiraba una paz y al mismo
tiempo un gran respeto. El chamán le dijo al oso:
-No es casualidad que tú me hayas encontrado
aquí, veo en ti la necesidad de enfrentar tus miedos y temores ¿quieres empezar
ahora?
-No le veo lo malo, quiero ver de qué
estoy hecho.
Terminado de decir esto, el oso se
transformó en hombre y se sentó enfrente de una fogata que hizo el viejo
chamán. El hombre empezó a golpear su tambor y Armel cerró los ojos.
Armel entró en el trance y se vio en su
viejo bosque, enfrente de él, la figura de su padre.
-¡Magnos! Hijo, muéstrame de que estás
hecho.
Dicho esto, ambos osos iniciaron una
batalla cuerpo a cuerpo, muy feroz, luego de un rato y unos golpes bien dados,
Armel venció a su padre en batalla. El cuerpo se esfumó como una nube de humo,
pero la nube volvió a recomponerse, se escuchaban los golpes del tambor cambiar
de ritmo. Ahora el humo tomó la forma de la madre difunta de Armel.
-Pequeño osito, ven con tu madre, no me
dejes aquí.
-¡Madre! Ya soy un oso adulto, ya no
necesito tu cuidado, pero te tendré en mi memoria, honraré tus enseñanzas y tu esfuerzo de madre, ve a
descansar en paz.
-Me alegro que seas fuerte hijo, tu madre
te ama.
Dichas estas palabras, la madre del oso
se hizo una enorme niebla que cubrió todo el espacio y se convirtió en enormes lenguas
de fuego que inundaron todo el lugar.
El oso miró al frente, apretó los puños y
empezó a caminar entre las lenguas de fuego, pero el fuego no lo quemaba.
-Todo está en mi mente, nada de esto es
real, es todo una prueba- se decía Armel mientras estaba caminando entre las
enormes llamas.
Llegó a la otra punta del lugar y se dio
vuelta, en ese momento el fuego desapareció, a continuación la niebla se juntó
y formó una imagen muy familiar para el oso, era él mismo.
-El que se vence a sí mismo, ha vencido
la mayor de las batallas- dijo una voz que venía de todos lados mientras se
escuchaba que el tambor tenía otro ritmo distinto.
-Vamos Armel, enfréntate a ti mismo ¡date
batalla! - Dijo su réplica exacta.
El oso entonces, empezó a pelear con el
mismo, su copia se movía igual que él, sus gestos, sus movimientos de pelea,
eran iguales.
-Conozco mis mismos movimientos y mis
debilidades ¡hasta yo mismo sé cómo derrotarme! esto terminará pronto.
La batalla duró al menos tres cuartos de
una hora, hasta que la réplica se dio una zambullida contra el oso, Armel
sostuvo con un gran abrazo a su réplica
y lo dirigió por encima de él haciendo una maniobra de lucha libre, dejándolo
en el suelo a su merced, cuando iba a rematarlo de un golpe con la mano abierta
y las garras separadas para dejarle la marca en su hocico, esta se esfumó y se
escuchó que dejó de sonar el tambor del chamán de una forma seca.
-Muy bien Magnos Armel, has vencido todos
tus miedos, mi trabajo aquí ha terminado, has demostrado que eres lo que tienes
que ser, un ser fuerte y libre de preocupaciones.
Dicho esto, el hombre se esfumó y empezó
a amanecer, Armel, que estaba sentado en forma de hombre, cambió a su forma de
oso pardo.
-He vencido, soy digno de portar el
nombre con el que me he bautizado, soy Armel, el líder de los osos. –se dijo a
si mismo con el pecho hinchado de orgullo.
Luego de esa noche larga de batallas
espirituales, Armel durmió toda mañana y descansó de tan difícil batalla.
Cuando despertó, llamó a toda la gran manada, comió salmones, frutas y bayas,
contó de su experiencia a los osos, los cuales estaban alegres de que su líder
fuera un oso fuerte y sin miedos en su corazón.
Fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario